La Dieta no planeada

Alitas con sazon creole... nam!

Esta semana he estado un poco jaragana, por decirlo en buen dominicano, y quería algo relativamente casero, con sabor de antaño. Así que me decidí por hacer pollo frito… pero, como siempre, se me olvidó que vivo en Noruega. Aquí todo es saludable.

Sí, ya sé… ustedes también pusieron los ojos en blanco. Mi primer obstáculo: no hay pollo con piel, porque “así es más magro y mejor para la salud”. Voy a respirar profundo y contar hasta mil.

Segundo: el pollo “para freír” ya viene sazonado… y vaya usted a ver el tipo de sazón. ¡Fuchi! Yo me crié como debe ser, sazonando desde cero. Gracias a Dios encontré unas alitas sin sazonar, crudas y desteñidas… pero yo feliz como una lombriz.

Me puse a buscar en internet y encontré una receta con buen condimentado, pero como aquí no freímos a lo dominicano, tuve que meterlas al horno. Eso sí, sin que mi querida otra mitad se diera cuenta, les puse aceite en la bandeja para que se “frieran”. Y mi amorrrch… quedaron para chuparse los dedos.

Ahora bien, tenía las alitas, pero después de tanto joder, no estaba para hacer más nada. Así que me hice una ensalada verde y encontré en mi nevera un “aioli” noruego. Al final, cuando miré la foto, me di cuenta de que sin querer hice un plato keto.

Yep… mi plan de recuperar mi cuerpo de antaño todavía está en pie, y el maratón de abril se va a sorprender… aunque mis rodillas se exploten.

Comentarios