Cenita sencilla para dos

Cuando tengo tiempo de sobra los fines de semana me gusta probar algo distinto en la cocina. Este fin de semana estaba libre y con ganas de hacer algo nuevo pero sencillo. 

Como nos pasa a todos, yo tambien me canso de cocinar siempre lo mismo. No porque la comida de todos los días sea mala, sino porque de vez en cuando dan ganas de variar un poco.

Esta semana me cogió con pollo como ingrediente principal, pero no quería preparar algo conocido. Así que me puse a buscar en línea algo que me llamara la atención y al final encontré una receta de pollo al limón que no había probado. Pensé: esto puede quedar bueno para una comidita tranquila con mi esposo.

Y es que a veces las mejores comidas no son las más complicadas. Son esas que uno prepara con calma en la casa, con un vinito, y que al final nos sentamos a la mesa a disfrutar con tranquilidad.


Si tienes curiosidad, la receta que usé es de esta página:
https://www.sandravalvassori.com/ina-gartens-skillet-roasted-lemon-chicken/

Lo que más me gustó es que no es complicada. Además, aquí en mi campito no siempre es fácil encontrar todos los ingredientes que piden algunas recetas. Pero este pollo lleva cosas sencillas: limón, ajo, cebolla y algunas hierbitas, y todo se hornea junto. Mientras se cocina, los jugos se mezclan y forman una salsita muy rica. La cocina se llena de ese olor que abre el apetito.


Como acompañamiento decidí hacer algo bien sencillo: papitas al horno.

Eran unas papas pequeñas que vi en el supermercado y me parecieron “fancy”. Solo las lavé, les puse aceite de oliva, sal, pimienta y un poquito de tomillo. Las llevé al horno a 230 °C —la misma temperatura del pollo— durante los últimos 25 minutos de cocción, y quedaron FABULOSAS: doraditas por fuera y suaves por dentro. Las papas combinan perfecto con el pollo al limón porque absorben un poco de la salsita cuando uno las sirve en el plato.

Claro está que también hice una ensalada verde sencilla. Podía oír a mami en mi oído diciéndome que faltaba algo saludable con la comida. Nada complicado: lechuga, tomate y pepino, con un aliño de sal, vinagre y aceite de oliva. 


Esta fue una de esas comidas sencillas, pero especiales, para nosotros dos. Y claro está, después de la cena no faltó el postrecito para compartir.

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