Hoy mi
almuerzo fue sencillo, rápido… y lleno de nostalgia. Una ensalada fresca:
- mango
- un poquito de chile fresco
picadito
- hojas de cilantro
- medio limón exprimido
- una pizca de sal y claro está
mi última adicción
- un toque de hot honey.
En teoría, una combinación perfecta, para los amantes del agridulce con un toque picante.
Pero en la práctica… bueno… digamos que el ingrediente estrella "mango" tenía otras intenciones. Porque aquí estoy, en Noruega, cortando un mango que se ve hermoso, amarillo brillante, jugoso… pero al primer bocado me doy cuenta de algo que todo dominicano que vive fuera entiende inmediatamente: esto no sabe a mango dominicano.
No es culpa del pobre mango. Hace lo que puede. Pero los que crecimos en República Dominicana sabemos que el mango allá no es solo una fruta… es casi una experiencia sobrenatural, a la cual hay que sentarse en tranquilidad para disfrutarla en su totalidad, empezando por ese olor cuando lo pelas, el jugo que inevitablemente termina corriéndote por las manos y las fibras pegándose en los dientes, que dia un dentista tal vez podrá arrancar en alguna limpieza dental y ese dulzor intenso mezclado con ese puntito ácido perfecto, se me hace agua la boca de solo pensarlo.
Aquí, en cambio, el mango es… correcto de color, tamaño además se ve atractivo, pero cuando lo hueles esperando ese olor característico que hace agua la boca... se te va la emoción, y la realidad te pega de a duro.
Así que mientras comía mi ensalada me puse a pensar: ¿cómo sería esta misma receta si la hiciera en República Dominicana? con un mango madurado a lo natural recién cortado del árbol. Quizás un mango banilejo, oh, Dios un mango banilejo o tal vez uno de esos mangos enormes que aparecen en los mercados. El chile tal vez sería un poquito más picante o un ají gustoso picante y el cilantro más fragante. El limón recién exprimido para amarrar todos esos sabores. Y probablemente ni siquiera necesitaría hot honey, porque el mango ya traería su propia explosión de sabor.
Aquí en Noruega el plato es refrescante, ligero, agradable. Pero en mi cabeza, hecho en República Dominicana… sería una fiesta. Tal vez esa es la magia de la comida. No solo se trata de los ingredientes.
También se
trata del lugar, del clima, de los recuerdos y de las frutas que crecieron bajo
el mismo sol que nosotros. Mi ensalada de mango estuvo rica. No voy a mentir.
Pero mientras terminaba el último bocado no pude evitar pensar: algún día tengo
que hacer esta misma receta…pero con un mango de verdad. Uno de
esos que saben exactamente a donde pertenecen.
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